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lunes, 8 de agosto de 2011

No inventes más

La historia se terminó y ya está todo inventado. Cuando era chica, lo creía fervientemente.
A continuación intentaré explicar como engendró mi candorosa lógica tales disparates.


"La historia se terminó"
Todavía no se había desatado las guerra de Malvinas, aún yo no leía los diarios y las maestras de la escuela primaria no enseñaban sobre acontecimientos posteriores a 1816. Aunque la historia seguía (y sigue) creciendo desenfrenadamente, ¿podía yo no concluir que  había finalizado hace más de cien años? 

"Ya está todo inventado"

La convicción de que "ya está todo inventado" fue inspirada por dichos de mi papá. A don Ricardo le gustaba mucho el licuado de banana con leche (y le sigue gustando; pero los achaques de la edad ya no le permiten ni leche ni banana) Siempre que tomaba uno, contaba que cuando él era chico, no había licuadoras. También comentaba que no había heladeras eléctricas ni televisores. Vi a mi presente tan moderno que se me ocurrió que la humanidad había alcanzado su techo tecnológico y que no quedaba casi nada por inventar.  Y por lo tanto, cuando fuera madre, yo no me sentiría una Pitecantropus al enumerar los aparatos que no existían en mi infancia.
En "esta" no me equivoqué tanto. Podría decir que no había Internet, cámaras digitales, reproductores de mp3, televisión a color, etc. Pero con nombrar al celular es suficiente, ¡si esos chirimbolos sirven para casi todo!